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No todo termina cuando se va un hijo

“No todo termina cuando se va un hijo, más bien, muchas cosas comienzan”

Esa es la tarea; descubrir qué es lo que comienza en la vida después que se va un hijo, qué es lo que comienza que valga la pena, qué es lo que comienza que tenga el mismo valor que ese hijo que se fue, ese es el desafío para todos nosotros.

¡Cuánto tenemos todavía para vivir! ¡cuánto! cuánto valor hay todavía en la vida! ¡cuánto para hacer, para dignificar y para proteger la vida, comencemos a hacerlo ya, si no lo hemos hecho antes, y si ya lo hicimos, sigamos haciéndolo, no nos quedemos cortos, porque nuestros hijos, los que están, los que no están, los que nos rodean, todo, la vida merece nuestro mejor esfuerzo siempre y por toda la vida.

Yo elijo lo que voy a hacer con mi vida, yo elijo como voy a llevar mi dolor, si lo voy a llevar buscando moneditas por el suelo o lo voy a llevar con dignidad porque así se lo merece mi hijo, porque así se lo merecen los hijos que me quedan.

Hubo sí un momento en que se rompió mi conexión con el mundo, se rompió mi conexión con el otro. Cuando parte un hijo, de repente, uno se encuentra aislado, solo con su dolor, solo consigo mismo, todo cambió; se rompió el puente que me unía al mundo y a los demás.

Entonces tengo que volver a construir ese puente que me va a llevar otra vez a relacionarme con el mundo, con los demás.

Se construye ese puente cuando me acerco al otro, cuando renuncio a algo que es propio de mi yo, cuando renuncio a lo que yo siento, cuando renuncio a como estoy, por los demás.

Cuando renuncio a mi yo, por algo que no soy yo, estoy renunciando a algo  menos elevado, por algo más elevado y lo hago por aquellos que me necesitan y en última instancia lo hago por ese hijo que me está mirando y me está diciendo “¿eso es todo lo que puedo esperar de ustedes?”

La tristeza viene sola, la podemos cultivar como una manera de ser en el mundo, el vivir a medias, también podemos vivir así toda la vida, pero ¿Queremos, realmente, vivir así?

¿Eso es todo lo que mi hijo espera de mí? No, ninguno de nuestros hijos esperaría de nosotros la línea del menor esfuerzo.

Yo quiero renunciar a esa manera de vivir, por una mejor manera y lo hago por todos, lo hago por ellos, lo hago por los que me rodean, por nosotros mismos y lo hacemos cada día de nuestra vida por todos.

Cuanto más pronto yo considere qué piensa y siente el otro, mejor me voy a sentir yo. No me voy a sentir bien por una varita mágica que me toque y me diga a partir de ahora ya todo va a estar bien, no, no es así, es el esfuerzo de ir construyendo, día a día, ese puente que me va a llevar, otra vez, a la vida plena, otra vez a considerar al otro en mi vida.

Es natural estar triste ¿verdad? Es natural llorar un poquito, extrañarlo, pero no esa desesperación, no ese desasosiego interior que no puedo estar ni conmigo mismo ni dentro de mi mismo, siendo un extranjero o una extranjera dentro de mi propio cuerpo, eso es lo que no puede ser.

Hay que elevarse como dice Víctor Frankl, en “las alas indómitas del espíritu”, elevarse por encima de lo que nos está pasando, por amor a ese ser tan amado y a los que quedan.

A veces alguien piensa que ya no puede hacer nada por ese hijo que partió ¡cómo que no vas a poder hacer nada por él!

Puedes renunciar a tu dolor desesperado por él o ella, puedes renunciar a sentir esa pena prolongada y hacer el esfuerzo, porque ellos merecen nuestro mejor esfuerzo, y siempre va a ser nuestra la responsabilidad de cómo vamos a vivir cada día de nuestra vida.

¿Qué vamos a hacer con esto que nos pasó? porque una cosa es lo que nos pasó y otra muy diferente es lo que hacemos con esto que nos pasó.

Estamos en Renacer no solamente porque hayamos perdido un hijo, estamos en Renacer porque queremos aprender a vivir de una manera que incluya amorosamente a nuestros hijos, que recupere el recuerdo amoroso de nuestros hijos sin lágrimas, que podamos hablar de ellos sin lágrimas, para que cuando nos toque partir no nos haya quedado nada sin hacer, no nos haya quedado amor por dar.”

Alicia Schneider Berti- Gustavo Berti - gyaberti@calamuchitanet.com.ar

Este es un aporte a la difusión del pensamiento de Renacer, a través de la palabra de los creadores de los Grupos Renacer, Alicia y Gustavo Berti. Mayo de 2009.

Ulises, Ana y Enrique

De Renacer Congreso – Montevideo Uruguay, “Por la Esencia de Renacer”

De las lágrimas emergiendo

Cuando mi hija Rebeca falleció, un miedo terrible se adueñó de mí. Temía que con su muerte, la olvidaría para siempre. Que con el pasar de los días, se irían esfumando, poco a poco, de mi memoria, sus recuerdos, hasta que ella desaparecería completamente de mi vida. En mi desesperación, ante este Chirripó II_1362_3_4temor al olvido inminente, le había pedido a Dios que no permitiera que su luz se extinguiera. Así que, en los meses subsiguientes, mientras lloraba su ausencia, sin consuelo, me dediqué incansablemente a rescatar su memoria. A lo largo de poco más de un año, viví como los náufragos en la película del Titanic, aferrándome a sus recuerdos para sobrevivir. En cada momento libre que tuve, me dediqué a recopilar y editar sus fotografías y a repasar en mi mente los momentos que evocaban esas imágenes. Por ese tiempo, ella fue el centro de toda mi atención y el tema de cada conversación. Cuando finalmente me di cuenta que no la iba a poder olvidar nunca, fue ese temor inicial el que se esfumó de mi mente.

¡Ahora tengo la certeza de que no necesito tu presencia física, para seguir amándote, como siempre te amé, Rebeca!

Chirripó II_1422_3_4Sin embargo, creo que, durante este tiempo, llegué a descuidar el hecho de que Guayo, el hermano mayor de Rebeca, seguía ahí. Que también estaba sufriendo la ausencia de su hermana y que seguía necesitando del amor y el cariño de su padre. Poco a poco, llegué a estar consciente de esta realidad y fui cayendo en cuenta de la necesidad que tenía de darle a él toda la atención, el cariño y el amor que se merece. El siempre ha sido un hijo excelente, a quien he admirado tanto como a su hermana. Pero a quien, por más de un año, había casi abandonado sin darme cuenta. A veces pienso que el duelo puede ser así de egoísta, poco compasivo e indiferente con los otros que sufren a tu alrededor.

Chirripó II_1502He llegado a comprender, entre muchas otras cosas, que la muerte de mi hija es un hecho incuestionable e irreversible. No hay absolutamente nada en el mundo que yo ni nadie pueda hacer para cambiar esa realidad. Lo único que me queda es seguir adelante, sacando todo el provecho que pueda de esta adversidad y usándolo para crecer en la vida. En eso está la honra a la memoria de mi hija fallecida. Hay que dar lugar a que esta nueva vida emerja de las lágrimas en que le ha tocado nacer. Y que se levante, cual iceberg, por encima de la superficie, mostrando con esperanza, apenas la punta, de lo que está por surgir.

En esto estuve reflexionando, del 10 al 12 de mayo de 2009, cuando subí al cerro Chirripó, con mi hijo Guayo.  Para mí, era la segunda vez en menos de 6 Chirripó II_1336meses, que subía este cerro, el más alto de Costa Rica. Para Guayo, fue su primera. Sin embargo, logró caminar 22 kms en el mismísimo primer día de la expedición. Me sorprendió su condición, a pesar de que el único ejercicio que hace es mover el mouse y aporrear su guitarra para deleitar con su música. En el primer día, llegamos al refugio, escalamos los Crestones y subimos al cerro Terbí, desde donde se lograba mirar el litoral atlántico y la península de Osa. Dejar estampados, en el libro de visitas del Terbí, a 3760 metros de altura, nuestros nombres juntos, lo considero un honor para la eternidad. Ya de noche, bajamos por el Valle  de los Conejos, a descansar en el cómodo albergue del Parque.

El segundo día, desde las 3:45 am salimos hacia el pico más alto del Chirripó, con la intención de ver elChirripó II_1426_7_8 amanecer. Una vez arriba, quisimos esperar por el sol, pero el frío nos desanimó y tuvimos que bajar en medio de la densa niebla. Bajamos con la satisfacción de haber conquistado ese cerro majestuoso y de haber dejado impresos nuestros nombres en el libro de los que lo logran. Luego fuimos por el Valle de los Conejos hacia la laguna Ditkevi. Fue emocionante y muy refrescante quitarnos los zapatos y meternos descalzos en las friísimas aguas de esta laguna de origen glaciar. Por la tarde nos dimos un merecido descanso, para volver a salir hacia la Sabana de los Leones y ver el atardecer coloreando los hermosos Crestones. De regreso al refugio, ya de noche, intercambiamos los pensamientos acerca de Rebeca, que habían estado en nuestros corazones, Chirripó II_1477durante el viaje. Para Guayo, el viaje la había planteado una serie de retos que había tenido que vencer uno a  uno e ir progresando cada vez. Cada reto superado le hacía pensar en su hermana y en que eso la haría a ella estar orgullosa de él. Lo que yo había estado pensando era que  cada reto que tuve que enfrentar durante el viaje lo aceptaba como si fuera un reto de Rebeca para mí. Posiblemente porque ella  siempre, sin saberlo, me desafiaba.

El tercer día, bajamos el cerro en solo 3:20 hrs. La mayoría de los primerizos no lo logran hacer en menos de 5 hrs. Creo que lo hubiéramos podido hacer en menos si desde el principio hubiésemos sabido cómo. Desde que subimos estábamos intrigados con los tiempos que hacen los hombres y mujeres de la zona cuando suben y bajan el Chirripó. No fue sino de regreso, a la altura del km 10, cuando nos adelantaron los porteadores que llevaban Chirripó II_1520nuestra carga sobre sus espaldas y bajaban trotando, que nos dimos cuenta cómo. Así que, a partir de ahí trotamos todo lo que pudimos hasta llegar a los últimos 3 kms, que son los más difíciles al bajar. Una vez abajo, aprovechamos, la ventaja que les sacamos a los demás compañeros del grupo, para darnos un buen baño y una merecida siesta.

Tomar fotos juntos fue algo significativo para mí, que toda la vida he sido aficionado a la fotografía, aunque no lo pudimos hacer muy bien, porque nos faltaba el lente principal de la cámara de Guayo, y yo llevé mi cámara de película al mejor estilo “retro” de los viejos tiempos, con rollos de 36 cuadros. Se imagina que limitación, cuando ahora, en una tarjeta de 4 Gigas, puedes meter como 400 fotos en raw. Pero  bueno, los tiempos han cambiado.

Salir de excursión con un hijo adulto, a quien 20 años atrás, lo tenías que Chirripó II_1548cargar, cuidar todo el tiempo, decirle qué y qué no hacer, te hace pensar en todo el tiempo que ha pasado. Ahora, no lo llevas de paseo, sino que vas con él, no le dices todo, escuchas sus comentarios, sus observaciones durante el viaje  y te das cuenta que ha crecido. Además, Subir de 1400 a 3820 metros con un hijo, a quien le llevas más del doble de su edad, es todo un desafío. Sin embargo, sabes que no se trata de competir, sino de compartir. No se trata de una lucha contra, sino con, tratando de vencer juntos, todos los obstáculo s que el camino te plantea. Entonces al caminar te das cuenta que conquistar los retos uno a uno da satisfacción y te hace sentir que no estás solo.

Chirripó II_1351El segundo día, casi me voy solo a Ventisqueros, mientras Guayo descansaba. Pero me detuvieron las palabras de mi esposa Ruth al salir de viaje: ¡Recuerda que vas con tu hijo! Todavía no estoy muy seguro de que entiendo todas las implicaciones de lo que me dijo. Pero lo cierto es que pensé en eso durante todo el viaje. Creo que al bajar volví con un hijo. Todas estas cosas me hacen pensar en una metáfora que hace sentido a los que han estado en los Crestones del Chirripó y es que esta nueva vida, que Rebeca nos ha planteado, tiene que emerger de la tierra, como lo han hecho los imponentes Crestones del Chirripó. Gracias a mis dos hijos está empezando!

Más fotos: https://cid-996fa74e7be630e6.skydrive.live.com/browse.aspx/Chirrip%c3%b3%20II

El Mensaje de Amor de Mi Hija

Al trabajar en un hospital estamos constantemente siendo confrontados con la realidad del sufrimiento y la muerte. Cada persona enfrenta estas realidades de acuerdo a su concepción, a su cultura y su experiencia personal.

En mi caso, luego de la muerte de mi hija, me he visto obligada a reflexionar acerca de este tema. A las cosas que he ido aprendiendo e incorporando en mi vida las he llamado:
“El mensaje de amor de Rebeca”

1ro. ENTENDER LA MUERTE ME AYUDA A ENTENDER LA VIDA
Nuestra sociedad carece de una verdadera comprensión de la muerte. La mayor parte del mundo vive negándola o aterrorizado con ella.

Muerte= tragedia, final de todo, castigo, personaje vestido de gris con la cara tapada y con una hoz pera pescar a quien se descuida. Se considera morboso hablar sobre la muerte y mencionarla es correr el riesgo de atraerla. La sociedad es en gran medida un desierto espiritual en el que la mayoría piensa y vive como si esta vida es lo único que existe, viven una vida desprovista de sentido, sin visión de largo plazo (destruyendo el mundo), egoístamente.

La cristiandad en general, aunque dice que somos seres eternos, al enfrentar la muerte, lo hace como si no lo fuéramos. Al morir una persona, piensan que lo que significa terminar el duelo es olvidar a quien murió, que seguir viviendo la vida, es no sentir dolor, es sepultar al ser amado, se ver con desconfianza o con preocupación a quien con frecuencia recuerda al muerto, reconoce su dolor, porque no es correcto que un cristiano siga sufriendo. En conclusión, la muerte es aniquilación. Tal vez no lo digan en estos términos, pero esta es su concepción.

Que tal si cambiamos o equilibramos el concepto de la muerte pensando en: Muerte= puerta del cielo, umbral, paso a la presencia de Dios, felicidad eterna, culminación de una meta.

La Biblia nos enseña que no es así, la muerte es parte de la vida. Somos seres eternos. Nuestro paso por la tierra es pasajero, la muerte como estado no existe, es solamente el umbral por el que pasamos a vivir una nueva vida, no nos quedamos muertos.

El plan de Dios va más allá de la vida en esta tierra.
Lucas 20:38 dice: “Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven”

El creer y entender esto, nos ayuda a cambiar prioridades, da sentido a nuestra vida, a hacer tesoros en el cielo, nos da sentido de moralidad y responsabilidad personal.

En lo personal, me llena de esperanza, estoy segura que Rebeca no está muerta, y que aunque por el momento no puedo verla, llegará el día en que nos encontremos nuevamente, es más cuando yo muera, ella va a venir a mi encuentro.

2do. EL SUFRIMIENTO ES PARTE DE LA VIDA
Que difícil era para mí entender esto, siempre pensaba en el mal solamente como castigo. Ahora, me he percatado que el sufrimiento es parte de la vida, igual que las alegrías. Es parte de la experiencia humana.

La Biblia está llena de estos ejemplos: Job, Jesús, los discípulos, todos. Isaías 53:

“El Señor quiso que su siervo creciera como planta tierna que hunde sus raíces en la tierra seca. No tenía belleza ni esplendor, su aspecto no tenía nada atrayente; los hombres lo despreciaban y lo rechazaban. Era un hombre lleno de dolor, acostumbrado al sufrimiento. Como a alguien que no merece ser visto, lo despreciamos, no lo tuvimos en cuenta. Y sin embargo él estaba cargado con nuestros sufrimientos, estaba soportando nuestros propios dolores. Nosotros pensamos que Dios lo había herido, que lo había castigado y humillado. Pero fue traspasado a causa de nuestra rebeldía, fue atormentado a causa de nuestras maldades; el castigo que sufrió nos trajo la paz, por sus heridas alcanzamos la salud.”

El entender esto nos ayuda a no verlo solo como una experiencia negativa. Vamos a sufrir, no lo podemos evitar, pero vamos a hacerlo dignamente. ¿Cómo sufrir dignamente? Esto es algo que cada uno se debe responder a sí mismo porque cada situación es diferente. Sin embargo, es trascendiendo a nuestro dolor, cuando vemos el dolor del otro y lo ayudamos, como sufrimos con dignidad.

3ro. MI VIDA TIENE SENTIDO
Se dice que la pérdida de un hijo conlleva la crisis existencial más fuerte por la que puede pasar un ser humano. El duelo no es una enfermedad mental, lo que enfrentamos es un replantearnos la vida entera. ¿Quién soy?, cual es el propósito de mi vida?, existe Dios realmente?, Dios, Realmente me ama? tiene mi vida sentido?, por qué a mí?

En cierto momento, por ejemplo, me di cuenta que estaba sintiendo que ya no era madre, aunque tengo a mi hijo mayor. O, que ya nunca podría proyectarme como mujer y madre, por no tener una hija.

Al pasar por una crisis, quizá no todas estas preguntas tengan respuesta, o ni siquiera la respuesta a algunas preguntas es algo que va a mitigar nuestro dolor. Por otro lado, solo la persona que ha pasado por esto, puede entenderlo. En mi caso, hay personas con las que ni siquiera puedo hablar de estos temas, se asustan. Por eso esta crisis filosófica y antropológica hay que enfrentarla en la vía de la búsqueda continua del sentido de la vida. He encontrado que Dios es quien me sostiene de su mano para poder seguir adelante en el valle de la sombra y de la muerte. Poco a poco me está ayudando a reconstruir mi vida, mi familia, a reencontrarme yo misma como ser humano, como esposa, como madre y por supuesto, como hija de Dios.
Esto me lleva al siguiente mensaje de amor de Rebeca:

4to. LA VIDA CONTINÚA
Qué voy a hacer entonces con lo que la vida me ha planteado, tengo dos opciones. Una es cerrar las cortinas y olvidarme del mundo, la otra es tomar la determinación de devolver a la vida más de lo que ella me ha dado. ¿Cómo lo voy a lograr?

En mi caso: Voy a sufrir dignamente, Voy a honrar la memoria de mi hija por el amor que le tengo, Voy a dar a otros su mensaje de amor, Voy a ayudar a otros que sufren

“El hombre que se levanta por sobre su dolor para ayudar a su hermano que sufre, trasciende como ser humano” Víctor Frankl

Solo dejando de ver mi ombligo puedo ver el dolor del otro y ayudarlo y así trascender como ser humano, y así sufrir con dignidad, y en consecuencia, darle sentido a mi vida. Respecto a esto hay algo muy específico para mi vida que escribí pocos meses después de la muerte de Rebeca, que sentí era lo que podía aprender de la vida de ella y quiero compartirlo con ustedes:

Expresa lo que sientes por los demás, no te quedes callada
Expresa no solo lo que sientes, sino lo que eres,
no tengas miedo de decir o expresarte de acuerdo a tu forma de ser o tu carácter,
no tengas miedo de ser quien eres y de manifestarlo.
Haz lo que quieras hacer YA!! Cumple tus sueños.
No permitas que el trajín y la rutina dominen tu vida.
Ordena tus prioridades y sé firme en mantenerlas.
La vida continúa, mi hija no ha destruido mi vida, Al aprender todo esto me he percatado que: MI HIJA NO ES MI VERDUGO, ES MI MAESTRA

5to. TODO EL PLAN DE DIOS PARA NOSOTROS SE RESUME EN UNA PALABRA: AMOR
Dios entregó a su propio hijo por amor a nosotros, qué amor tan grande que pudo trascender al amor por su hijo.

Desde que Rebeca nació, tuve una gran lucha espiritual, sentía que cuando yo oraba, El me pedía que le entregara toda mi vida, incluyendo a mi hija. Yo me preguntaba por qué Dios quería quitarme a mi hija, siempre al finalizar mi oración concluía en que en todo caso, todo era de Él, no tenía más remedio que entregarle a mi hija. Pensaba que si Dios permitía que uno de mis hijos muriera iba a ser con algún gran propósito para mi vida. Cuando Rebeca murió, recordé esa vieja lucha espiritual, y realmente estaba muy resentida con Dios, aunque sabía que yo se la había entregado, ¿Por qué me la había arrebatado? Pensaba en Ro. 8:28, que a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien, y me decía, MENTIRA, esto no puede ser cierto.

Pero un día comprendí, que en su gran amor, no me la pedía porque quería quitármela, era para que me desprendiera de ella de una manera equilibrada y así estuviera preparada para este difícil momento. Dios no me la quitó, ella murió por la acción de un hombre sin principios ni valores, porque el mal existe en este mundo, Dios no propició ese mal, pero quería que yo en cierta medida estuviera preparada para ello.

Aún en las situaciones más difíciles que tengamos que enfrentar, Dios está junto a nosotros mostrándonos su amor, solo que a veces no lo vemos así, y más bien le echamos las culpas.
Por su gran amor me permitió pasar por este dolor, así quizá con lo que estoy aprendiendo pueda vivir tal vez una vida más plena que antes.

CONCLUSIONES
Quisiera que este mensaje de Amor de Rebeca no sea solo para mí, sino también para ustedes:

© Somos seres eternos

© Aquí vamos a sufrir, pero si lo hacemos con dignidad ese sufrimiento no será en vano

© Ante las crisis que experimentemos podemos escoger lo que vamos a hacer con nuestra vida: ¿vamos a cerrar las cortinas, o vamos a enfrentarlo con una actitud de valor y devolverle a la vida más de lo que nos ha dado?

© Es cierto, mi vida nunca volverá a ser la misma, será mejor, y esto solo puede ser el fruto del gran amor de Dios en mi vida.

I Corintios 15:55
Me parece que podemos decir como Pablo:
¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?»

La muerte en nuestra sociedad ***

Sogyal Rimpoché es un monje budista que desde 1974 ha estado difundiendo el budismo en Europa oriental y occidental, en Estados Unidos, en Australia y en Oriente. Este monje propone una formación budista en occidente basada en la visión que expone en su libro: El Libro Tibetano de la Vida y de la Muerte.

Según Rimpoché, la sociedad occidental carece de una verdadera comprensión de la muerte.

…a la gente de hoy se le enseña a negar la muerte, y se les enseña que no significa otra cosa que aniquilación y pérdida. Eso quiere decir que la mayor parte del mundo vive o bien negando la muerte o bien aterrorizado por ella. El mero hecho de hablar sobre la muerte se considera morboso, y muchas personas creen que el solo hecho de mencionarla es correr el riesgo de atraérsela.

Esta concepción de la muerte, como aniquilación o pérdida, no solamente es una falsa comprensión, sino que es una enseñanza terriblemente aterradora. A tal punto que, por un lado, la muerte es personificada como un ser maligno y destructor, del cual no queremos ni hablar. El miedo a este ser que llamamos “muerte” solo puede ser tratado con rechazo y negación. Hemos creado un monstruo al cual ahora tememos terriblemente, del cual hay que huir tan lejos como se pueda.

Pero por otro lado, la superación de este miedo, conduce a una indiferencia hacia la muerte. Como dice Rimpoché: “Otros contemplan la muerte con un buen humor ingenuo e irreflexivo, pensando que, por alguna causa desconocida, la muerte les irá bien y que no hay por qué preocuparse”. El resultado de esta indiferencia hacia la muerte, es la creencia de que esta vida es lo único que existe. Y si no hay vida después de ésta, qué sentido tiene cómo vivamos o cómo usemos los recursos. Existe el peligro de que la gente que carece de una intensa creencia en una vida venidera acabe creando una sociedad centrada únicamente en los resultados a corto plazo, sin pararse a reflexionar en las consecuencias de sus actos.

Estas actitudes, asumidas en la sociedad occidental, con respecto a la muerte, por un lado, nos impiden comprender la verdadera importancia de la muerte. Por otro lado, la falta de una fe auténtica en una vida más allá de ésta, le priva de lo sagrado a esta vida que llevamos y nos conduce, en última instancia, por una vida carente de sentido.

No es irónico, se pregunta Rimpoché, que los jóvenes sean tan cuidadosamente instruidos en todos los temas excepto en aquel que encierra la clave del sentido total de la vida, y acaso de nuestra misma supervivencia?

A la gente no se le enseña qué es la muerte, ni cómo morir, ni se le da ninguna esperanza en lo que hay después de la muerte. Si esto se hiciera su actitud ante la vida sería distinta y tendría un claro sentido de la moralidad y la responsabilidad personal.

La muerte NO es aniquilación NI pérdida, es sencillamente un hecho de la vida. Es muy triste que la mayoría sólo empecemos a apreciar la vida cuando estamos a punto de morir.

Finalmente, Rimpoché termina con una observación acerca de la sociedad occidental que nos invita a la reflexión: ¿Qué observación sobre el mundo moderno podría ser más escalofriante que la de que casi todos mueren sin estar preparados para la muerte, tal como han vivido sin estar preparados para la vida?

*** Rimpoché, en su Libro Tibetano de la vida y la muerte, se refiere a la muerte en el mundo moderno, en este resumen he cambiado "mundo moderno" por "sociedad occidental" porque el otro término, tiende a confundirse cuando se lo lee desde una perspectiva de la posmodernidad.